Sexo y vino en las islas Canarias / Hablemos de vinos

Los vinos de Monje están muy bien y que algunos son deliciosos, como su tradicional…

Por:   |

Patricio Tapia.

Foto: Archivo / EL TIEMPO

Patricio Tapia.

La idea es que un buen número de parejas se junten alrededor de unas copas de vino y buena comida. También hay performances suavemente eróticas y música ad hoc, todo de muy buen gusto, me asegura Felipe Monje, de Bodegas Monje, en Tenerife, islas Canarias (España). “Aquí no ven ni media teta, pero sí los dejamos como moto”, agrega sonriendo. La iniciativa se llama Wine & Sex y está patentada por Monje. Además de estos eventos, en la pequeña bodega de Tenerife se venden camisetas, delantales y hasta juguetes eróticos, todos conviviendo alegremente en las estanterías de la tienda. Un consolador al lado de un descorchador. Felipe se muere de la risa. Antes de empezar, dejo en claro que los vinos de Monje están muy bien y que algunos son deliciosos, como su tradicional, criado en barriles de cien años, un tinto que me gustaría tener todos los días del verano. Pero más allá de la calidad de lo que hace, Felipe tiene una visión bastante práctica de cómo se debe comunicar y vender el vino. Nada de complicaciones. Nada de jerigonzas ni de vueltas y vueltas. “Hemos perdido muchos consumidores con eso. Actualmente, el consumo de vinos en España es demasiado bajo. Nosotros ahora apuntamos a los jóvenes, que no tienen prejuicios”, dice. Para eso, está lo de Wine & Sex, pero también para eso está el estilo de sus vinos, que se beben fácil, que no necesitan un manual de instrucciones. Por ello también su bodega es una de las principales promotoras de la denominación genérica ‘Canarias’ para los vinos de todas las islas, en vez de nombres mucho más específicos de pueblos o, incluso, de diminutos viñedos, como lo hacen algunos productores de la región, buscando identidad hasta en los más mínimos detalles. No quiero pasarme de diplomático, pero yo estoy con ambas visiones. Por un lado, me atrae mucho la desfachatez de Monje y su perspectiva de simplificar las cosas, de llevar al vino a estados mucho más sencillos y fáciles. El vino, finalmente, es eso: comida. Y uno no anda analizando el puchero sobre la mesa; solo llega y se lo come. Y esa es una muy buena forma de vender vino, de subir el consumo, de seducir a estos nuevos consumidores o a otros que quedaron espantados en los años 90 y 2000 con tanto cursillo de cata y tanta tontería cursi de segunda mano. Pero también me gusta la idea de esos otros viñateros de Tenerife, como los Envínate o Suertes del Marqués, haciendo vinos de microparcelas, tan específicos que dan gusto. Claro que esos tintos (magníficos, deliciosos) son quizás para un estado posterior, cuando ya el consumidor ha disfrutado con el Wine & Sex y quiere algo más (uno siempre quiere mas, claro) y busca información extra. Para los que se enganchan con el vino, están estos otros experimentos. Pero, claro, todo a su tiempo. PATRICIO TAPIA Especial para EL TIEMPO