Una promesa de longevidad en el vino

Varios estudios sugieren que el resveratrol, un componente del vino tinto, podría prolongar un 30% la vida

 

Los biólogos han descubierto un tipo de productos químicos que confían puedan prolongar la vida del hombre al activar un antiguo reflejo de supervivencia. Se trata de una sustancia natural conocida con el nombre de resveratrol, que se encuentra en el vino tinto, sobre todo en el que crece en climas más bien fríos. Este descubrimiento explicaría en cierta medida la denominada paradoja francesa: el hecho de que los franceses consuman alimentos grasos perjudiciales para el corazón sin perjuicio de ser tan longevos como en otros países.

Al margen de sus implicaciones para la industria vinícola, el hallazgo ofrece el atractivo de proceder de los estudios de investigación básica sobre la biología del envejecimiento. Sin embargo, todavía no se han realizado pruebas con las nuevas sustancias químicas ni siquiera en ratones y menos aún en seres humanos, e incluso si los resultados en éstos fueran positivos, pasarían aún muchos años antes de que dispongamos de un fármaco elaborado a partir de este descubrimiento.

El resveratrol parece actuar sobre la longevidad igual que una dieta hipocalórica

Los posibles beneficios podrían ser significativos. Las sustancias en cuestión están proyectadas para remedar los efectos de una dieta muy baja en calorías de la que se sabe que prolonga el ciclo vital de los roedores. Los científicos implicados en estos trabajos de investigación afirman que la vida humana podría prolongarse el 30% si la gente respondiera ante esos productos de la forma en que las ratas y ratones reaccionan a la ingesta de pocas calorías. Incluso un individuo que empezara a los 50 años a tomar una de esas sustancias podría confiar en vivir 10 años de más, según Leonard Guarente, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, pionero en este nuevo ámbito de investigación.

Los resultados fueron hechos públicos en septiembre en una conferencia científica celebrada en Arolla, una pequeña población de los Alpes suizos, por David A. Sinclair, de la Harvard Medical School, y difundidos en la revista Nature.

Este hecho ha suscitado el entusiasmo de muchos biólogos que estudian el fenómeno del envejecimiento porque la restricción calórica, proceso que supuestamente copian las sustancias en cuestión, es precisamente el mecanismo que prolonga, según se sabe, el proceso de longevidad en los animales de laboratorio. Se ha descubierto que una dieta baja en calorías, con inclusión de todos los nutrientes necesarios, aunque con el 30% menos calorías de las acostumbradas, prolonga las expectativas de vida de los roedores entre el 30% y el 50%. Los científicos confían, aunque no estén seguros todavía, en que a los seres humanos les ocurrirá lo mismo.

Existe un mecanismo semejante en formas más sencillas de vida, circunstancia que ha llevado a los biólogos a creer que están estudiando una estrategia ya antigua, que apareció en fases previas del proceso evolutivo y que han asimilado todos los animales. Dicha estrategia permite que un organismo viva más tiempo, posponga el proceso de reproducción cuando el alimento resulta escaso y empiece a procrear cuando mejoren las condiciones.

Dos experimentos destinados a comprobar si una restricción calórica amplía el ciclo vital de los monos se encuentran a mitad de su proceso de estudio (los monos rhesus suelen vivir unos 25 años en cautividad) y los signos hasta ahora resultan esperanzadores, si bien nada significativos desde un punto de vista estadístico. Pero incluso si la restricción calórica prolongara la vida de la gente, la actual epidemia de obesidad es un indicio de las dificultades por las que atravesaría la mayoría de la población si pretendiera respetar una dieta con un contenido calórico inferior en un 30% al recomendado. Así, los biólogos han cifrado sus esperanzas en dar con un producto químico o fármaco que remedie la restricción calórica en los individuos activando el circuito genético propio de una dieta baja en calorías, garantizando así sus ventajas sin ninguno de los inconvenientes.

Sinclair y su principal colaborador, Honrad T. Howitz, de Biomol Research Laboratories en Plymouth Meeting (EE UU), afirman que han conseguido encontrar un tipo de fármacos que remeda el fenómeno de restricción calórica en dos organismos estándares de laboratorio, la levadura y las moscas de la fruta. Los ratones y los seres humanos poseen genes homólogos que funcionan, al parecer, de la misma forma, aunque esto está todavía por demostrar.

Trabajando de una manera independiente, Elixir Pharmaceuticals de Cambridge, en Massachussets (EE UU), ha encontrado también un grupo diferente de sustancias químicas que copia el fenómeno de la restricción calórica, según Ed Cannon, director de Elixir, que añade que, debido a las exigencias reguladoras y a las pruebas que deben realizarse, a su empresa le faltan aún de ocho a diez años para disponer de un medicamento autorizado.

Tras presentar sus resultados por vez primera, Sinclair manifestó en una entrevista concedida en Arolla: “Llevaba toda la vida esperando esto”. “Me gusta ir con precaución”, añadió, “pero incluso para un científico, el hallazgo parece extremadamente prometedor”.

Hasta ahora, Sinclair y sus colaboradores sólo han demostrado que el resveratrol, la sustancia química encontrada en el vino tinto, prolonga el ciclo vital de la levadura, un hongo, en un 70%. Pero Mark Tatar, de Brown University, ha indicado en un informe todavía sin publicar, que el compuesto produce efectos semejantes en las moscas de la fruta. El National Institute of Aging, patrocinador de las investigaciones de Sinclair, tiene previsto comenzar un estudio con ratones este mismo año.

En los últimos años se ha dedicado una gran atención al resveratrol porque es un candidato a explicar la aparente paradoja francesa, es decir, el hecho de que a pesar de la población toma una dieta que daña las arterias, la incidencia de secuelas no se da en la proporción esperada, probablemente por un factor protector que algunos estudios sitúan en el vino, aunque no se sabe aún con certeza si el ingrediente activo es el alcohol, el resveratrol o una combinación de ambos.

Beber o no beber

A pesar de los años de pruebas que resultarán necesarios para demostrar que el resveratrol ejerce efecto sobre los seres humanos y puede prolongar su vida, muchos científicos implicados en la investigación han empezado ya a beber vino tinto. “Un vaso diario de vino tinto es algo muy recomendable. Es lo que yo hago ahora”, afirma David A. Sinclair. El resveratrol, añade, “se vuelve inestable si se le expone al aire y se echa a perder al día de haber descorchado la botella”.

Las autoridades sanitarias no han tenido tiempo de efectuar una evaluación detallada de la investigación.

David Finkelstein, encargado del proyecto en el National Institute of Aging, de Estados Unidos, señaló que él no aconsejaría a nadie que empezase a beber vino tinto. “En el punto en el que nos encontramos no hay señal alguna de que sea beneficioso para la gente”, dijo Finkelstein, añadiendo que las calorías existentes en un vaso de vino podrían traducirse en un aumento de peso. Toren Finkel, encargado de investigación cardiovascular del National Heart, Lung and Blood Institute, dijo: “Me lo pensaría dos veces antes de proclamar que un vaso de vino va a prolongar 10 años la vida de alguien. La concentración de resveratrol difiere según el vino del que se trate. Como fármaco, no existe y está lejos aún de ser posible”. Pero la idea de un fármaco que remede el proceso de restricción calórica “es una gran idea”, concluyó.